martes

Diario de un Seductor

Conocí a la muchacha de que trata el libro. A juzgar por lo leído, puede deducirse que la sedujo, pero ignoro si lo hizo con otras, porque no era un seductor común. Tenía objetivos, por ejemplo un simple saludo, y sabía tentar a las jóvenes aunque sin la intención concreta de poseerlas. Las llevaba por el camino para que se sacrificasen por él y, al lograrlo, cortaba sin más la relación. No demostraba acercamiento, ni siquiera promesas de amor, lo cual amargaba a la desdichada al entender que no podía reclamar nada y se sentía llena de estados de ánimo contrapuestos. Llegaba a un punto en que, al no haber sucedido nada, se veía víctima de su imaginación, incapaz de contarle a nadie, porque objetivamente no había nada para confiar. No era un sueño, sino una amarga realidad sin posibilidad de desahogo. Sus víctimas eran muy especiales: no quedaban abandonadas al ostracismo, seguían viviendo como siempre y eran respetadas. Pero sufrían un hondo cambio en ellas, inexplicable para los demás. Las seducidas se quiebran, éstas quedaban humilladas y vencidas, tratando de reencontrase consigo mismas. No dejaba víctimas visibles porque no era un vulgar seductor. Su amor por Cordelia es vivo, lleno de dificultades. Para él las personas eran un estímulo, y cuando lograba el comportamiento deseado, las abandonaba. Eso le producía como un rejuvenecimiento.

Soren Kierkegaard

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