sábado

Me Has Matado

Yo soy Pasolini, y vos vas a ser Accatone. No entro en nada y nada entra en mí, hasta que viniste con la llave. y... Hiciste lo mejor que pudiste... y como vivo y respiro, me has matado, me mataste. Si. Camino por acá de algún modo, pero me has matado, me has matado... Piazza Cavour, para qué vivo?? Yo soy Visconti, y vos nunca vas a ser Magnani. No entré en nada y nada entró en mi hasta que veniste con la llave, y... Hiciste lo mejor que pudiste... y como vivo y respiro me has matado, me mataste. Sí. Camino por acá de alguna forma, pero me has matado... Quién soy yo para estar acá? Y no tiene importancia que lo diga otra vez... Si... No tiene importancia... Pero te perdono. Te perdono. Siempre te voy a perdonar...

Morrisey

Lobo Estepario - Hermann Hesse

“El que haya gustado los otros días, los malos, los de los ataques de gota o los del maligno dolor de cabeza clavado detrás de los globos de los ojos, y convirtiendo, por arte del diablo, toda actividad de la vista y del oído de una satisfacción en un tormento, o aquellos días de la agonía del espíritu, aquellos días terribles del vacío interior y de la desesperanza, en los cuales, en medio de la tierra destruida y esquilmada por las sociedades anónimas, nos salen al paso, con sus muecas como un vomitivo, la humanidad y la llamada cultura con su fementido brillo de feria, ordinario y de hojalata, concentrado todo y llevado al colmo de lo insoportable dentro del propio yo enfermo; el que haya gustado aquellos días infernales, ése ha de estar muy contento con estos días normales y mediocres como el de hoy; lleno de agradecimiento se sentará junto a la amable chimenea y con agradecimiento comprobará, al leer el periódico de la mañana, que no se ha declarado ninguna nueva guerra ni se ha erigido en ninguna parte ninguna nueva dictadura, ni se ha descubierto en política ni en el mundo de los negocios ningún chanchullo de importancia especial; con agradecimiento habrá de templar las cuerdas de su lira enmohecida para entonar un salmo de gratitud mesurado, regularmente alegre y casi placentero, con el que aburrir a su callado y tranquilo dios contentadizo y mediocre, como anestesiado con un poco de bromuro; y en el ambiente de tibia pesadez de este aburrimiento medio satisfecho, de esta carencia de dolor tan de agradecer, se parecen los dos como hermanos gemelos, el monótono y adormilado dios de la mediocridad y el hombre mediocre algo encanecido que entona el salmo amortiguado. Es algo hermoso esto de la autosatisfacción, la falta de preocupaciones, estos días llevaderos, a ras de tierra, en los que no se atreven a gritar ni el dolor ni el placer, donde todo no hace sino susurrar y andar de puntillas.”

jueves

YO es otro

Tratando de tocar lo desconocido a través de los sentidos, utilizando un método paranoico quizás, hombre y mujer indiferentemente, que no tiene edad especifica... solo la insistencia famélica de estar detrás tuyo, disfrazada de admiración silenciosa o ruidosa que te hace sentir necesario, absolutamente importante, infalible, guru de la sabiduría, tocando la tecla débil, envaneciéndote… y haciéndote caer primero en tus propias redes es lo que le hace alcanzar el fenómeno de la otredad, que no es otro que el de la inspiración. Su fin es el escándalo, para lograr la atención y atacar directamente a la burguesía que te rodea. Adorables expresiones de incoherencia lógica. Todo y nada a la vez. Provocado por un shock cualquiera, objetivo o subjetivo y del cual se es enteramente irresponsable a la mirada de las divinidades. Soy siempre igual y distinta a cada hora. Y todos son grandes momentos. Pero cuando un hombre está muy triste, no es porque tenga dolor de muelas o haya perdido dinero, sino porque alguna vez por un momento se da cuenta de cómo es todo. Precisamente allí es cuando se vuelve más justo, más hermoso. Ya no queda nada en el ser en sí. Y un punto de partida aparece como resultado de la duda y la desorientación. De la negación de los valores surge una reflexión de la razón dando lugar al momento de la intuición, que queda expresada en la voluntad de poder, en quien se expresa a su vez el valor de la voluntad.

El Tunel - Ernesto Sábato

" Fué una espera interminable. No sé cuanto tiempo pasó en los relojes, de ese tiempo anónimo y universal de los relojes, que es ajeno a nuestros sentimientos, a nuestros destinos, a la formación o al derrumbe de un amor, a la espera de una muerte. Pero de mi propio tiempo fué una cantidad inmensa y complicada, lleno de cosas y vueltas atrás, un río oscuro y tumultuoso a veces, y a veces extrañamente calmo y casi mar inmóvil y perpetuo donde María y yo estábamos frente a frente contemplándonos estáticamente, y otras veces volvía a ser río y nos arrastraba como en un sueño a tiempos de infancia y yo la veía correr desenfrenadamente en su caballo, con los cabellos al viento y los ojos alucinados, y yo me veía en mi pueblo del sur, en mi pieza de enfermo, con la cara pegada al vidrio de la ventana, mirando la nieve con ojos también alucinados. (...)
A veces volvía a ser piedra negra y entonces yo no sabía qué pasaba del otro lado, qué era de ella en esos intervalos anónimos, qué extraños sucesos acontecían; y hasta pensaba que en esos momentos su rostro cambiaba y que una mueca de burla lo deformaba y que quizá había risas cruzadas con otro y que toda la historia de los pasadizos era una ridícula invención o creencia mía y que en todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío, el túnel en que había transcurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida. Y en uno de esos trozos transparentes del muro de piedra yo había visto a esta muchacha y había creído ingenuamente que venía por otro túnel paralelo al mío, cuando en realidad pertenecía al ancho mundo, al mundo sin límites de los que no viven en túneles; y quizá se había acercado por curiosidad a una de mis extrañas ventanas y había entrevisto el espectáculo de mi insalvable soledad.(...)
Yo no decía nada. Hermosos sentimientos y sombrías ideas daban vueltas en mi cabeza, mientras oía su voz, su maravillosa voz. Fui cayendo en una especie de encantamiento. La caída del sol iba encendiendo una fundición gigantesca entre las nubes del poniente. Sentí que ese momento mágico no se volvería a repetir nunca. -Nunca más, nunca más- pensé, mientras empecé a experimentar el vértigo del acantilado y a pensar qué fácil sería arrastrarla al abismo, conmigo. "

gracias

Quisiera decirte todo lo que siento por vos, darte las gracias por todas tus sonrisas, por todos tus gestos, por ser parte de mí. Tenemos un pacto, un pacto de silencio. Creo que sobra cualquier palabra. Te quiero está de más. No te quiero más























































































porque no puedo.

martes

Diario de un Seductor

Conocí a la muchacha de que trata el libro. A juzgar por lo leído, puede deducirse que la sedujo, pero ignoro si lo hizo con otras, porque no era un seductor común. Tenía objetivos, por ejemplo un simple saludo, y sabía tentar a las jóvenes aunque sin la intención concreta de poseerlas. Las llevaba por el camino para que se sacrificasen por él y, al lograrlo, cortaba sin más la relación. No demostraba acercamiento, ni siquiera promesas de amor, lo cual amargaba a la desdichada al entender que no podía reclamar nada y se sentía llena de estados de ánimo contrapuestos. Llegaba a un punto en que, al no haber sucedido nada, se veía víctima de su imaginación, incapaz de contarle a nadie, porque objetivamente no había nada para confiar. No era un sueño, sino una amarga realidad sin posibilidad de desahogo. Sus víctimas eran muy especiales: no quedaban abandonadas al ostracismo, seguían viviendo como siempre y eran respetadas. Pero sufrían un hondo cambio en ellas, inexplicable para los demás. Las seducidas se quiebran, éstas quedaban humilladas y vencidas, tratando de reencontrase consigo mismas. No dejaba víctimas visibles porque no era un vulgar seductor. Su amor por Cordelia es vivo, lleno de dificultades. Para él las personas eran un estímulo, y cuando lograba el comportamiento deseado, las abandonaba. Eso le producía como un rejuvenecimiento.

Soren Kierkegaard

Lobos con Piel de Cordero

Lobo que se oculta tras la piel de un cordero. Que se mezcla en el rebaño y juega con ovejas. Las mima y les promete ser su amigo siempre. Las trata como hermanas, las adula y protege. Pero no te descuides oveja, no te vayas del rebaño, no confíes en el cordero. Está esperando que te des vuelta, está esperando que no mires sus movimientos. Así sacara su verdadero rostro aquel que sólo quiere alimentarse de vos. Es que se esconde, el que te traicionará sin pensar en nada. El lobo está al acecho, y una oveja fue su cómplice, una oveja que en realidad era serpiente. Que enveneno todo el rebaño, que lastimó a otro cordero, que la apreciaba, que pretendía cuidarla. Que buen disfraz serpiente, que buen disfraz lobo. Pueden engañarme, están al acecho. Me miran y se ríen, esperaron el momento. Colmillos en mi cuello, y veneno en mi corazón. ¿Que duele más, o señor? ¿El saberme muriendo, o el peso de la traición? No encontré una respuesta, solo risas melodiosas, y colmillos en mi cuello, que no matan, pero el aire me roban. ¿Que duele más, o señor? ¿El saberme muriendo, o el peso de la traición? La serpiente ama al lobo, disfrazados como presas. Yo el carnero, lloro y lloro, el dolor también me pesa. Y mi grito que se ahoga, mientras mira el lobo mi pesar, mira como me desangro, y no me quiere ayudar. -Mis colmillos te mataron, mi traición has de aguantar, tu confiaste más de la cuenta, ahora tienes que pagar. La serpiente se me acerca, y susurra a mi oído: -Esto yo no lo he querido, que lo he hecho sin pensar, nunca imagine que el lobo, te quería lastimar. A este enviste, en agonía, me apresuro a revelar: -Cuan ingenua es mi confianza, cuan banal fue mi querer, tanto amor he derrochado, y con el limpian sus pies. A ti lobo te presumí hermano, pero tu sangre pesa más, eres hijo de la traición, la mentira es tu arma. Te disfrazas de inocencia, te muestras como uno más, mejor de lo que eres, una rata nada más. Y a ti serpiente querida, a ti te compadezco más, porque cuando yo muera, tu la victima serás. Sólo un lobo mata un amigo, solo un lobo traiciona. Solo las serpientes envenenan sin pensar, que lo que esperaba el carnero, era la sinceridad. Una palabra clara, que le permita escapar, y no una mordida certera, que no lo deje respirar. Más no he de partir, sin decirles señoritos, que yo creo que la vida, siempre revanchas nos da. Y aunque lo quieran o no, y no los quiera lastimar, la vida solita, ella a mi me vengará. Y aunque este carnerito, odio no quiere anidar, su pecho agitado, lo comienza a engendrar. Una noche soñaran, que la vida les sonríe, pero nunca se olviden, que han matado a un animal, que por quererlos demasiado, ahora su vida ha de entregar. Quizás si sea mi culpa, por confiar de más, o quizás sea solo, que la crueldad es su divisa. Para ustedes señoritos, más vale el placer de un momento, un beso frío y seco, que mi gesto de hermandad, mi confianza y mi esfuerzo, mi cariño y mi amistad. Pero recuerden, animalitos, que yo puedo reencarnar, y ser un hombre cruento, que no les tenga piedad. Ojalá cuando reviva, el odio se extinga, porque no quiero hacerlos sufrir, como ustedes me lo hacen a mí. Sal lobo sal, ya estoy a punto de morir, ya tu mordisco ha liquidado, lo que quedaba de mí. Sal lobo sal, que ya me has desgarrado, y no puedo ni moverme, ni dejar de llorar. Sal lobo sal, abandona tu disfraz, que ya la inocencia me di cuenta, es algo que no llevas. No te ocultes más, muéstrate al rebaño, que ya todos han vislumbrado, tu espíritu traidor, que ya todos han detectado, que a ti, solo te importas vos. Y a ustedes mi rebaño, solo les pido una cosa, caminen con cuidado, pues los lobos disfrazados, y las serpientes venenosas, son normales hoy en día, aunque se presuman hermanos, aunque te digan te amo, nunca esperes otra cosa, pues escupen tu cara, y cuando no te des cuenta, el colmillo clavarán, para no dejarte respirar, y reirán como conmigo, viéndote morir despacio, y tratando de arreglar, algo que no hubiese pasado, si mostraban la verdad Más lastima el engaño, que el vil mordisco que me han dado, pues los pensaba amigos, y solo querían valerse de una bondad inerte, pero bondad al fin, y usarme como títere, para reírse de mi.

Zeke

domingo

Contigo

Yo no quiero un amor civilizado con recibos y escena del sofá. Yo no quiero que viajes al pasado y vuelvas del mercado con ganas de llorar. Yo no quiero vecinas con pucheros. Yo no quiero sembrar ni compartir. Yo no quiero 14 de febrero ni cumpleaños feliz. Yo no quiero cargar con tus maletas. Yo no quiero que elijas mi shampoo. Yo no quiero cortarme la coleta, mudarme de planeta. Brindar a tu salud. Yo no quiero domingos por la tarde. Yo no quiero columpio en el jardín. Lo que yo quiero, corazón cobarde es que mueras por mí. Y morirme contigo si te matás. Y matarme contigo si te mueres. Porque el amor cuando no muere mata. Porque amores que matan nunca mueren. Yo no quiero juntar para mañana. Nunca supe llegar a fín de mes. Yo no quiero comerme una manzana dos veces por semana sin ganas de comer. Yo no quiero calor de invernadero. Yo no quiero besar tu cicatriz. Yo no quiero París con aguacero. Ni te quiero sin ti. No me esperes a las doce en el juzgado. No me digas "volvamos a empezar". Yo no quiero ni libre ni ocupado. Ni carne ni pecado ni orgullo ni piedad. Yo no quiero saber por qué lo hiciste. Yo no quiero contigo ni sin ti. Lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes es que mueras por mí. Porque amores que matan...

Joaquin Sabina