Estoy contenta de haberlo encontrado nuevamente. Me alegro saber que sus ideas, únicas, especiales hayan seguido intáctas, como cuando las descubrí.Entonces nace en mí nuevamente ese estado de explosión y atómica energía que solo se activa ante las palabras mágicas que él solo puede combinar.
Siento un baño de luz que me persigue en la oscuridad pase lo que pase.
Todo vuelve a girar en círculos, en espirales, en momentos sin finales, en espacios irreales, en situaciones siniestras, en un espacio individual, privado, personal como lo es la mente, pero que al mismo tiempo, intuyo, es compartido... No tengo pruebas de ésto último, pero se que así lo es.
Este mágico encuentro se desvanece al ver la cicatriz... la confianza destrozada en pedacitos, la más dolorosa de las despedidas vuelve a retumbar entre mis pensamientos que todo lo sucedido ha sido correcto y que no es tiempo de saber más, que todo ha sido un sueño hermoso y en su mundo quedará.
Una lágrima pretende salir a rodar por ahí y conseguir a un barco que no naufrague en ella, pero recuerda que si lo hace nunca más nadie confiará en ella. ¿Es que nunca se va a curar la herida?
Una contradicción siempre me acompañó en esta historia... y aunque siempre cambie de tiempo y espacio, nunca se irá.

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